Acercamiento Comunitario en Honor al Mes Internacional de la Mujer

Palabras de la Embajadora Jean Manes en el evento de Acercamiento Comunitario en Honor al Mes Internacional de la Mujer
Instalaciones de ILEA, El Salvador
Marzo 22, 2018

 

Es una gran alegría ver a tantas mujeres, jóvenes y aún más jóvenes, reunidas esta mañana. Para las estudiantes que nos acompañan hoy, les quiero decir que tienen una oportunidad única de conocer a estas mujeres valientes y escucharlas hablar sobre sus luchas y sus triunfos, y de quizás, hasta descubrir su propia pasión.

Las historias que escucharan el día de hoy, les van a demostrar que las mujeres no solo son amables y dulces, trabajadoras y afectuosas. Las mujeres también somos fuertes, valientes, perseverantes y no nos dejamos doblegar ante la adversidad. Y estas cualidades son necesarias no solo para trabajar en la aplicación de la ley, sino que para cualquier camino que decidan seguir en sus vidas,y para abrirse espacio en otras áreas que las mujeres también pueden liderar.

Una gran parte de la vida es la búsqueda de la pasión, de aquello que hace que nos levantemos por las mañanas para seguir adelante. Porque la pasión nos enseñara cual es nuestra visión, cuáles son las metas que queremos alcanzar en la vida.

Es mi pasión la que me ha llevado hasta donde estoy ahora. Desde muy jóven yo sabía que quería estudiar política exterior. No les puedo decir exactamente porque, en mi familia no había nadie que hiciera eso, pero cuando me gradué de la escuela a los 18 años yo sabía que quería estudiar política exterior y dediqué toda mi energía a eso.

A los 20 años yo decidí que iba a hacer una pasantía en Washington D.C.. Pero sabía que para lograr eso, me tenía que poder financiar mi estadía en Washington porque la pasantía no era pagada. Entonces el verano antes de irme a Washington, trabajé mucho para ahorrar ese dinero, en un momento tuve tres empleos al mismo tiempo, pero al final pude ir a Washington.

En Washington yo tenía dos ofertas, una pasantía pagada y na no pagada. La pagada tampoco no era mucho, pero era al menos algo para pagar la comida. Pero la diferencia era que la pagada era de asuntos domésticos, no en asuntos internacionales. Pero mi pasión eran los asuntos internacionales. Yo hablé con mis padres al respecto. Me imagino que ustedes también tienen este tipo de conversación, y yo ahora que soy madre – tengo dos hijas de 20 y 22 años – recuerdo estas conversaciones porque ahora soy yo quien tiene estas conversaciones con mis propias hijas sobre las pasantías. Y mis padres dijeron: “por supuesto tienes que tomar la pasantía pagada”. Pero en aquel entonces yo no quería eso. Yo quería seguir mi pasión y estaba dispuesta a trabajar hasta tres diferentes trabajos durante meses para ahorrar dinero y poder seguir mi pasión.

Y cuando llegué a Washington, porque acepté esta pasantía no pagada, me junte con otras diez compañeras y compartimos una casa. ¡Se pueden imaginar lo que era querer acceder a un baño por las mañanas! Eso es todo un desafío para diez mujeres. Y vivíamos a puro spaghetti, porque podíamos comprar tres cajitas de spaghetti por un dólar, y nos duraba una semana todo este spaghetti que cocinabamos. Hasta el día de hoy, no me gusta el spaghetti. Vivimos un poco apretadas durante 6 meses pero no me importaba, ¡estaba en Washington! ¡Estaba siguiendo mi pasión!

Y fue también esta pasión la que me motivó a seguir adelante durante mi pasantía, haciendo el trabajo que nadie quería hacer, por supuesto. Hubo un momento en donde lo único que me tenían haciendo era sacar fotocopias, todo el día. Pero yo seguí adelante, y cualquier cosa en la que podía ayudar, yo me ofrecía. Y esta disponibilidad fue valorada por otros funcionarios, y eventualmente fui recompensada por mi esfuerzo. Llegar a un cargo como este no se logra de una día para el otro. Se logra trabajando día por día. Pero sí cada día es importante, porque cada día es un paso adelante. Cuando encontramos nuestra pasión, debemos dedicarnos a ella y trabajar duro para alcanzarla.

Recuerdo claramente, todas esas veces donde estaba sentada en la última fila en la sala de audiencia en el Capitolio, escuchando los debates políticos, y pensaba: algún día voy a estar ahí.

26 años después, yo estaba sentada frente a los Senadores, presentando mis calificaciones para ser confirmada como Embajadora de los Estados Unidos en El Salvador.

La próxima semana, cumpliré dos años de estar aquí en El Salvador. Mi viaje que inició cuando yo era una adolescente, no mucho mayor que ustedes, me ha llevado a estar aquí hoy, pero todavía no termina. Es un viaje el cual constantemente elijo continuar. Lo elejí cuando entré a la universidad, cuando decidí dedicar mis vacaciones de verano a trabajar para ir a Washington, lo elegí cuando sacaba fotocopias todo el día. Y lo elegí en esos días donde no sabía si verdaderamente iba a lograr lo que me había propuesto. El camino no es fácil, hay obstáculos y barreras de todo tipo y días difíciles. Pero para eso es que necesitamos la pasión, para ayudarnos a levantarnos por las mañanas e ir a trabajar o ir a la escuela.

Si algunos de ustedes todavía no saben cual es su pasión, está bien, ¡quizás la descubran hoy!  Gracias a las mujeres profesionales que están dispuestas a ayudarles en este camino, y que dedican su tiempo al desarrollo de otras mujeres jóvenes. Si sus caminos no coinciden con lo que ven y oyen hoy, sigan intentando cosas nuevas, rodéense de personas inspiradas y vean que es lo que las apasiona a ellas. Al final lo encontrarán, si no dejen de buscarlo.

Sigan experimentando y trabajando, porque todo lo que vale la pena toma trabajo, y las tareas más difíciles tienen las mayores recompensas. Y a todas las mujeres que están dedicando su tiempo para la próxima generación, no hay mejor inversión. Yo sé que es algo que sale de su corazón, que ustedes están dispuestas a compartir sus experiencias, sus desafíos y sus retos con esta generación que viene y agradezco a cada una de ustedes por realmente dedicar su tiempo a levantar la próxima generación de sus países.

Muchísimas gracias.