Graduación ECADE

Palabras de la Embajadora Jean Manes en la Graduación ECADE

3 de abril de 2019

Es un honor estar aquí hoy con la clase graduada de ECADE. Este tema es muy cercano a mi corazón porque me gradué de mi maestría en administración pública hace 20 años. Muchas felicidades a todos ustedes por su dedicación y pasión por asumir, en mi opinión, una de las causas más nobles: servir a su pueblo. Felicidades también a su familia y amigos. El camino que han elegido no es fácil, definitivamente no es glamoroso, pero sí importa.

Muchos de ustedes saben que crecí en un negocio familiar. Mi padre trabajó para la compañía JCPenney durante varios años y luego comenzó su propia compañía llamada “Teri’s Bath”, donde vendíamos toallas de baño, cortinas de baño y todas las cosas de baño. Crecí trabajando en la caja registradora y vendiendo. Estaba en mi sangre. Es por eso que mi padre nunca pudo entender por qué quería estudiar relaciones internacionales, administración pública y convertirme en una servidora pública.

De hecho, creo que hasta que me convertí en una Embajadora fue que finalmente aceptó esa decisión. ¿Por qué te seguirías una vocación que en general tenía una opinión pública tan baja? He oído todos los comentarios negativos posibles sobre los servidores públicos. El salario es muy bajo (incluyendo nosotros tenemos un coche, y nuestro coche es del 2005. Y puede ser que ustedes sean los únicos que reconocen su arduo trabajo y dedicación.

Para ser honesta, no estoy segura, porque originalmente tuve la idea tan clara sobre mi carrera. Pero, creo que como cada uno de ustedes, siento que ser un servidor público es una vocación. Es esta creencia interna la que puede hacer una diferencia. Todo comienza desde allí. La capacidad de hacer una diferencia para sus conciudadanos.

Todos los seminarios, debates en clase, conferencias, se han orientado a mejorar su profesionalismo; para aumentar su capacidad de servir al público.

Lo que hacen importa. Francamente, creo que ahora más que nunca. Nuestros conciudadanos, nuestras comunidades y nuestros países nos necesitan. Necesitan restaurar su fe en el gobierno.

Cuando los ciudadanos pierden la confianza en los servicios públicos, pierden la confianza en su país.

Es una carga pesada, pero es un desafío que vale la pena aceptar y cada uno de ustedes aquí lo ha hecho hoy. Definitivamente es un camino menos transitado.

Soy una gran creyente de liderar el cambio desde donde estás. No hay un momento perfecto para convertirse repentinamente en un líder. Te conviertes en un líder cada día, demostrando tu competencia y tu pasión. Uno de los componentes más importantes de un programa como ECADE es el desarrollo de una red de profesionales comprometidos como ustedes.

Nosotros somos los guardianes. Los guardianes de la democracia.

Como servidores públicos, no somos líderes políticos. Rara vez establecemos la dirección de una política determinada. Nos encargamos de brindar asesoramiento en una dirección determinada y nos encargamos de la implementación y de llevar a cabo una visión.

Sin embargo, tenemos una influencia y un impacto tremendo tanto en la eficiencia y también en la eficacia de cualquier política, y debemos participar activamente en toda discusión respecto a las mismas.

Somos el conocimiento institucional que da continuidad a nuestros gobiernos. En algún momento cuando has estado en el lugar por suficiente tiempo, has visto cada idea nueva no solo una vez, sino quizás dos, o tres veces. Pero, nuestro trabajo es educar al liderazgo político y también permanecer abiertos a una nueva dirección.

En el sistema de gobierno de los Estados Unidos, solo el 1% de los cargos gubernamentales son políticos. El 99% son funcionarios públicos de carrera. Es por eso que una ley de servicio civil fuerte es tan importante para dar continuidad al gobierno y también para la profesionalización. El 1% es designado por el presidente y son puestos de confianza para que el presidente entrante pueda tener líderes de alto nivel en todas las instituciones gubernamentales para transmitir la dirección nueva. Entonces, nuestro papel como servidores públicos de carrera es ayudar a dar forma a esa visión y buscar la manera más efectiva de llevarla a cabo.

Para eso, es esencial contar con servidores públicos de calidad, expertos en todos los campos. Y, también, ahora esta es la parte difícil, como profesionales de carrera, dispuestos a dejar su partido político personal en la puerta.

Pero los servidores públicos no solo somos cuidadores, tenemos que ser absolutamente innovadores y valientes. Somos profesionales que debemos continuar actualizando nuestras habilidades tal como ustedes están haciendo  y formando equipos sólidos para brindar servicios de calidad al público.

Y, debemos estar siempre dispuestos a desafiar el status quo. Venir con nuevos ojos y animar a los que nos rodean a volver a lo básico.

Daré un ejemplo: cuando dirigía un buró en el Departamento de Estado encargado de la participación pública en el extranjero, teníamos que ver cómo atraer a las audiencias de la nueva generación. Nuestra oficina tenía una larga historia de ser anfitriones de festivales de cine y de tener bibliotecas alrededor del mundo. Cuando entré en el puesto, mi jefe, que era un designado político y mucho más joven que yo, quería pasar a la era digital. Ante eso, los 400 miembros de nuestra oficina veían esto con cautela, por decir lo menos. Lo habían visto todo antes, ¿cuántos funcionarios con nombramientos políticos habían entrado ya, tratando de dejar su marca, cambiando todo? Yo era la funcionaria de carrera encargada de convencer a todos, no solo de arriesgarse, sino de ser parte de un cambio de liderazgo.

Estamos hablando de personas que tenían un promedio de 30 años en el trabajo, algunos de 40 años o más. Era un grupo difícil. Recuerdo entrar a una reunión y varias personas estaban sentadas a la mesa, con los brazos cruzados y definitivamente listas para cerrarse ante cualquier cambio posible.

Durante la conversación, uno de ellos hizo una súplica apasionada sobre un líder extranjero clave que le dijo que creció asistiendo a nuestros festivales de cine en la India, que es donde se conectó por primera vez con los Estados Unidos, desde allí usó la biblioteca y los libros. Abrió su mente a diferentes sistemas de gobierno. Se convirtió en primer ministro y ahora era un aliado clave de los Estados Unidos. Entonces la persona me dijo: “ahora quieres destruir todo eso; quieres arruinar esa interacción, ese compromiso que construye amistades duraderas con los Estados Unidos”.

Mi respuesta fue: “en realidad, quiero hacer exactamente lo que acaba de describir, crear y fortalecer relaciones duraderas, pero para la generación actual y para las generaciones venideras. Quiero exactamente esa magia de crear una relación entre los Estados Unidos y los líderes prometedores, pero no es así como esta generación interactúa. Si quieres construir relaciones con esta generación, tenemos que involucrarnos donde estén en la forma que ellos prefieran y no en la manera que nosotros preferimos.

A veces nos enganchamos a la táctica en lugar de centrarnos en el objetivo final.

A veces nos enganchamos a la táctica en lugar de centrarnos en el objetivo final.

Como servidores públicos es muy fácil unirse a un proceso, a un procedimiento, pero a veces tenemos que dar un paso atrás y tener esa conversación importante sobre lo que estamos tratando de hacer.

Si nuestro objetivo es brindar servicios de calidad al público, no hay que tener miedo de dar un paso atrás y reiniciar el proceso. Algo de eso está sucediendo aquí en El Salvador con el compromiso de reducir la tramitología. La educación, el cuidado de la salud, el proceso para obtener una licencia para manejar. Son todos procesos donde pueden tomar un paso atrás y reimaginar cómo lo pueden hacer. Nunca olviden el objetivo principal y tengan el valor de liderar el cambio, desafiar las suposiciones y buscar la excelencia en nombre de los ciudadanos a los que tenemos el privilegio de servir.

El servicio público es una vocación. También es un reto. Hagan lo que tengan que hacer para mantener su pasión. Para mí, es estar cerca de la gente. En este trabajo, lo más gratificante y revitalizante es viajar a pueblos pequeños de todo el país y escuchar sus esperanzas y sueños de sus ciudadanos. Me da energía para volver y comprometerme con los políticos locales y necesito toda la energía posible. Por ejemplo, con el sistema aduanero: La mayoría de la gente piensa en grandes empresas exportadoras de productos. Pero yo pienso en el 70% de las empresas en El Salvador que son pequeñas y medianas. Pienso en pequeñas empresas, como en la que yo crecí, que solo están tratando de salir adelante. Compañías que no pueden permitirse contratar a una persona dedicada para manejar todos los trámites complicados para exportar. Hablo con ellos y alguien que intenta seguir siendo innovador y competitivo en el diseño de productos de clase mundial pero que no puede exportar porque hay tantos obstáculos que, de repente, los costos adicionales hacen que ese producto no sea competitivo. O bien, de un empresario que dijo que pasó tres días tratando de averiguar cómo enviar su producto al extranjero y que aún no podía garantizarle a su cliente una fecha de entrega.

Miro eso y esa responsabilidad recae directamente sobre nosotros, los servidores públicos. Nuestro trabajo es facilitar los servicios al público, no complicar sus vidas. Esta no es una prueba de resistencia para ver si puedes sobrevivir a toda la frustración y la molestia, para de alguna manera probarte ante alguien. Nuestro trabajo es facilitar la prestación de servicios públicos de calidad de la manera más eficiente.

A lo largo de este programa, ustedes mejoraron sus habilidades, revisaron estudios de casos y compartieron lecciones aprendidas. Sus ciudadanos los necesitan. Ustedes también pueden establecer expectativas. Mantengan sus expectativas altas y les garantizo que la gente las alcanzará. No se conformen con la frase: “es lo suficientemente bueno para ser un servicio de gobierno”. Debemos ser los mejores.

Enfrentarán enormes desafíos. La corrupción plaga muchos sistemas públicos. Es fácil mirar hacia otro lado. No lo hagan. Hay algo que es solo suyo, su integridad personal. Establezcan estándares altos y hagan que ustedes y sus colegas sean responsables. Tenemos una enorme responsabilidad que viene con la confianza del público. Recientemente en El Salvador ha revelado una serie de casos de corrupción pública de alto perfil que han erosionado esa confianza.

Déjenme compartir un ejemplo personal. Todos hablamos sobre los valores fundamentales y creo que esos valores sirven como un faro para nuestras decisiones diarias. Valores como la integridad, la honestidad, la ética, el trato a los demás con respeto, dignidad, etc. Yo comparto esos valores, que aprendí en mi casa, modelados por mis padres y otros. Comencé mi carrera con estos valores. Nunca pensé que enfrentaría momentos en los que mis valores entrarían en conflicto directo con hacer mi trabajo.

Al principio de mi carrera tuve el privilegio de trabajar con ejemplos sobresalientes de servicio público, modelos a seguir. Luego vino una prueba, como todos vamos a enfrentar. Un día llegó un nuevo jefe. De muy alto rango, muy poderoso. Vino a mí para firmar un conjunto de documentos para asignar fondos públicos. Y, permítanme tomar un momento para enfatizar, creo que nos sirve bien recordar siempre que estos “fondos” son fondos de los contribuyentes. Son fondos que, como servidores públicos, estamos encargados de gestionar. No hay tal cosa como fondos de “gobierno”. Eso no existe.

De vuelta a la historia. Entró y me pidió que firmara ciertos documentos asignando fondos de los contribuyentes a una actividad inapropiada. De beneficio personal. Siendo al principio en mi carrera, todavía era un poco ingenua y, francamente, creyendo que teníamos un valor compartido de “hacer lo correcto”, comencé a explicarle las regulaciones y explicarle que no era un uso apropiado de los fondos de los contribuyentes. Durante los siguientes días, me quedó muy claro que no estaba interesado en las regulaciones y que quería que firmara.

Comenzó a amenazarme e insistir en que firmara o que arruinaría mi carrera. A otros en mi edificio se les pedía que hicieran cosas similares. Algunos me aconsejaban simplemente firmar. Dijeron, la gente entenderá que usted estaba bajo presión directa y que no tenía otra opción.

Fui a casa y pasé muchas horas y días pensando en eso. Recuerdo que me miré en el espejo y me pregunté en voz alta si podría vivir con eso, si la razón por la que me uní a esta carrera fue para ser una servidora pública, como ustedes para hacer una diferencia positiva. Tenía todos los pensamientos normales: mi carrera realmente estaba despegando, si una persona de un rango superior escribiera una evaluación negativa sobre mí, nunca sería capaz de pasar a puestos más altos para tener un impacto aún mayor. Estaba pensando en eso.

En ese momento, tomé la decisión de mantenerme fiel a mis valores fundamentales: integridad, honestidad y servicio. Para mí, fue en realidad un momento de David y Goliat. Fue el momento que determinó si esos valores que había defendido durante todos esos años realmente importaban o simplemente eran convenientes y me hacían sentir como una buena persona. ¿Estaba dispuesta a renunciar a mi carrera para hacer lo correcto?

Miren, creo que la corrupción de los funcionarios públicos no comienza con millones de dólares. Creo que la corrupción comienza como la mayoría de los crímenes: una erosión diaria de valores y compromisos hasta que, de repente, una mañana te despiertas y te miras en el espejo y no reconoces en quién te has convertido.

Es por eso que lo que importa son sus decisiones diarias. El ejemplo que ponen como líderes; La dirección clara, los valores fundamentales y la responsabilidad que se exigen a ustedes mismos y a todos los que los rodean.

Entonces, ¿cómo terminó la historia? No firmé los documentos, y él pasó los siguientes dos años tratando de arruinar mi carrera. Él escribió una terrible evaluación indicando que yo era la peor funcionaria y que nunca debería estar en otra posición. Hizo de mi vida un infierno viviente durante meses. Él me usó como ejemplo público para asegurarse de que nadie más haría lo que yo hice. Muchos de mis colegas dejaron de hablarme, protegiéndose a sí mismos, no queriendo estar en la línea de fuego o convertirse en la próxima víctima. Perdí 30 libras en tres meses, en retrospectiva, fue definitivamente la dieta más efectiva en la que he estado.

Pero, me mantuve fuerte y luché. Luché por mis valores fundamentales. Si bien mi carrera se estancó temporalmente durante varios años, al final, los profesionales de carrera que supervisaron nuestro sistema de evaluación reconocieron lo que sucedió y, 15 años después, estoy aquí con ustedes como Embajadora de los Estados Unidos en El Salvador.

Son las decisiones que tomamos, incluyendo las pequeñas, que nos convierten en los líderes que somos. Como saben mis contrapartes salvadoreños, no tengo ninguna tolerancia con la corrupción pública y el abuso de poder. Creo que, como servidores públicos, recibimos la confianza sagrada de los ciudadanos de nuestros países. La confianza es difícil de ganar: se logra todos los días haciendo lo mejor que podemos para brindar a la gente los servicios que pagan y merecen como ciudadanos. Aunque sea difícil de ganar, esa confianza es muy fácil de perder. Cuando hay un gran caso de corrupción, nos agrupan a todos en la categoría de “funcionarios públicos corruptos”, porque en un gran caso de corrupción hay docenas de personas que facilitaron la corrupción, y aún más, muchos que sabían pero no tomaron acción. Todavía creo que somos más los buenos.

En muchos sentidos, los servidores públicos somos los defensores de nuestras democracias. Tengo una frase simple en el pizarrón de mi oficina, que dice: “Haz lo correcto”. Pueden interpretar esa frase de muchas maneras. Hacer lo correcto podría significar: elegir las prioridades correctas; elegir la dirección correcta, tomar la decisión que va de acuerdo con sus valores fundamentales. Es sorprendente la cantidad de decisiones que se vuelven muy claras cuando recordamos la frase: “Haz lo correcto”.

Cada uno de ustedes puede ser parte de la restauración de la confianza pública en el gobierno. Es un privilegio y una noble profesión ser un servidor público. Nuestros países nos necesitan. Sean audaces, valientes, prediquen con el ejemplo y hagan lo correcto.

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Vea el video de la ponencia aquí: